miércoles, 22 de febrero de 2012

El cuidado de la creación

Recuerdo, varios años atrás, estar paseando con unos primos en un carro prestado.  Ya de regreso a casa, por venir distraídos platicando, casi se nos pasa nuestra salida, por lo que quien venía manejando hizo un movimiento brusco y alcanzó a rectificar el camino y alcanzar a salir, con sólo un inconveniente: golpeamos con las llantas unas bollas que marcaban la salida.  En un principio sólo pensamos que había sido eso, que sólo habíamos golpeado el carro con las bollas sin consecuencias mayores.  Unos cuantos kilómetros después nos dimos cuenta que había sido un poco más que un golpe, habíamos dañado dos llantas.  Como suele suceder, sentimos un hueco en el estómago sólo de pensar en cómo explicaríamos al dueño del carro lo sucedido, y lo que costaría repararlo.  Una cosa es cuando es el carro de uno, otra cosa muy diferente cuando es un carro prestado.

De acuerdo a la Biblia, todo lo que existe, tenemos y somos, no es nuestro; es prestado.  Por más que digamos "es mi vida", no es nuestra vida, pues nada podemos hacer para modificarnos (Jer 12:23).  Nuestra complexión, altura, color de la piel, fuero predeterminados por quien nos prestó la vida para que nosotros la administremos.  Así también, somos responsables ante el verdadero dueño de "nuestras" pertenencias, "nuestro" tiempo, y aquello que nos rodea, el medio ambiente.

La Biblia nos asegura de que desde un principio Dios fue claro con respecto a la relación del hombre con el medio ambiente (Gn 2:15).  El ser humano fue tomado y puesto en el huerto del Edén con el objetivo bien claro de labrarlo y guardarlo.  Es decir, trabajarlo y protegerlo o vigilarlo.  Fuimos hechos mayordomos con la instrucción específica de hacer el mejor uso del medio ambiente que, en los planes de Dios, generaría un bien recíproco.  Al cuidar el hombre del medio ambiente, el medio ambiente "cuidaría" de él (Gn 1.26-28).

Después de la entrada del pecado, las cosas cambiaron en forma radical.  El perfecto balance dejó de ser entrando una degradación gradual y constante de lo creado por Dios.  No es un secreto de que nos estamos auto destruyendo.  El egoísmo del hombre, incluyéndonos, ha abusado del medio ambiente al grado de que somos testigos oculares de sus consecuencias.  La Biblia explica en forma clara que este mundo será destruido y re creado (2 Ped. 3:10-14; Isa. 51:6; 65:1; Apoc. 21:1).  A pesar de que el medio ambiente, incluyéndonos, aún refleja la maravilla de la obra creadora de Dios, el pecado se ha arraigado tanto que será necesario extirparlo en forma definitiva (Sant. 5.1-5) para re crear las condiciones originales donde Dios quiso que el ser humano viviera.

En ninguna manera esto significa que el hombre queda exento de su responsabilidad.  Aún somos mayordomos de la vida, pertenencias, tiempo, habilidades, capacidades, oportunidades que Dios nos da, incluyendo el medio ambiente (Sal. 24:1; 100).  Desarrollar un carácter como el de Cristo incluye el velar por le bien de los demás, y abusar del medio ambiente no es velar por el bien de los demás (Mat 22:37-40).  Si Cristo no regresa antes, ¿qué mundo le estamos dejando a nuestros hijos y nietos para vivir?  Abusar del medio ambiente fortifica nuestro egoísmo que busca un bien a corto plazo a expensas de un bien a largo plazo (Prov. 27:20).  Por eso Dios ha provisto de estrategias para ayudarnos a desarrollar un carácter cono el suyo: depositando en nosotros la responsabilidad de trabajar y cuidarlo del medio ambiente, y dándonos un día para reflexionar en su obra creadora absteniéndonos de actividades que pueden alimentar nuestro egoísmo (Ex. 20:8-11; Neh. 13:16-19).

Concluyo con el siguiente pensamiento: "Fuera del egoísta corazón humano, no hay nada que viva para sí.  No hay ningún pájaro que surca el aire, ningún animal que se mueve en el suelo que no sirva a alguna otra vida.  No hay siquiera una hoja del bosque, ni una humilde brizna de hierba que no tenga su utilidad.  Cada árbol, arbusto y hoja emite ese elemento de vida, sin el cual no podría mantenerse ni el hombre ni los animales; y el hombre y el animal, a su vez, sirven a la vida del árbol, y del arbusto y de la hoja" (DTG11-12).  El mayor enemigo de la obra de Dios es el egoísmo.  En el momento que uno vive para sí, en ese momento se rompe el delicado equilibrio y agudiza su condición degradada.

Dios, al delegarnos el cuidado del medio ambiente, nos enseña que "mi bienestar depende de tu bienestar", y no de tu desgracia.
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Si eres maestro de escuela sabática, comparto contigo los siguientes tres puntos que encierran el mensaje del tópico bíblico sugerido por la lección junto con tres preguntas que te permitirán discutirlos:

  1. ¿Qué tenía en mente Dios al responsabilizar al hombre de labrar y guardar el huerto del Edén?
    •  Somos mayordomos con la instrucción específica de cuidar el medio ambiente dentro de una dinámica de beneficio mutuo.
  2. ¿Cuál es el destino final de este mundo y lo que hemos acumulado en él?  ¿Qué actitud debiera generar esto en mi?
    • Este mundo ya no es nuestro hogar; nada de lo que aquí hay, o pueda conseguir, me lo puedo llevar conmigo...
  3. Consienten del destino final de este mundo, ¿cuál es mi responsabilidad para con él?  ¿Qué beneficios me trae su cuidado?  Dentro de este contexto, ¿qué estrategias estableció Dios para ayudarme a desarrollar un carácter como el de él?
    • El cumplimiento fiel de mi responsabilidad tiene efectos sobre terceros; nos protege de nuestro egoísmo y nos ayuda a desarrollar un carácter como el de Cristo.

viernes, 17 de febrero de 2012

Señor del sábado


En seminarios y temas se nos anuncia que se nos compartirá un "secreto" que promete cambiar nuestro matrimonio, familia, hijos, nuestro desarrollo profesional, o nuestro aprovechamiento académico.  Generalmente, especialmente en temas de relaciones interpersonales, esos "secretos" no son tan secretos, sino que es información ya sabida que, debido al tren de vida que llevamos, resulta "nueva" para la situación que estemos sobrellevando en ese momento de tiempo.  Uno de esos secretos no tan secretos, es que la cantidad de tiempo que invierta en una relación interpersonal, en cantidad y en calidad, la afectará positiva o negativamente.  Cada estudio así lo demuestra, y lo hemos sabido por generaciones; no puede haber relación entre dos personas si no se invierte tiempo en cantidad y calidad.

El origen del Sábado tiene como función principal asegurarle al ser humano tiempo para una cita con el Creador.  Del tiempo invertido, en cantidad y calidad, depende la solidez de una relación, ya sea matrimonial, familiar, de amistad o laboral.  En el caso del Sábado, del buen uso de esas 24 horas (cantidad y calidad), depende la solidez de nuestra relación con Dios, y por ende, nuestra salvación.

La Biblia en forma clara nos enseña que el Sábado fue creado, bendecido y santificado (Gen 2:1-3) como un regalo para el ser humano (Mar 2:27,28) que le permitiera cumplir con los valores de la ley; amar a Dios y amar al prójimo (Mat 22:37-40), que en el Sinaí simplemente se se le dio estructura (Ex 20:8-11) a lo ya establecido (Gen 2:1-3; Ex 16:19-30), y que Jesús se vio en la necesidad de restablecer los principios y valores que dieron origen al mandamiento (Mar 2:27; Mat 12:12).

Como regalo al ser humano, el Sábado acentúa la labor de Dios como Creador y Redentor; sella la obra creadora de Dios (Gen 2:1-3), y sella la obra redentora de Dios (Luc. 23:24-24:1).  En sus orígenes, el Sábado es otorgado al hombre en un mundo perfecto, libre de pecado, con la intención de perpetuidad.  Allí no podría existir la discusión sobre pacto antiguo o nuevo.  El Edén fue creado con la intención de que el hombre se desarrollara y reprodujera ajeno a la realidad del pecado y la muerte.  No fue dado a judíos o gentiles.  Fue dado a la raza humana, que en la mente de Dios era la beneficiaria.

Como mencionamos, el Sinaí no se está develando nada nuevo, simplemente se le está dando estructura a lo ya establecido y sabido.  Evidentemente la dinámica a cambiado después de la entrada del pecado, por lo que ahora el Sábado apunta al creador (Ex 20:8-11) y libertador (Deut. 5:12-15).  Aunque el principio se mantiene, la justificación de su observancia va siendo adaptada de acuerdo a la realidad del momento.  En un principio conmemoró la creación, en Éxodo se define lo que es "reposar" utilizando como justificación la acción de Dios en la creación.  En Deuteronomio, la justificación es la adoración al Dios libertador, creador, pero también libertador.

Cabe notar, dentro del acto que aseguró nuestra redención, que los escritores de los evangelios se aseguraron, los cuatro, de que no pasara desapercibido cuándo sucedió todo.  Se enfatiza, 40 años o más después del evento, el día de preparación, el día de reposo y el primer día de la semana.  Jesús, así como descansó al concluir la obra de la creación, descansa ahora al concluir la obra de la redención.  El Sábado sigue siendo una pieza fundamental en la imagen que Dios quiere proyectar de sí mismo hacia nosotros.  El sábado me anuncia al creador (Génesis), libertador (Deuteronomio) y redentor (evangelios).

Quiero dejar contigo, a manera de conclusión, el siguiente pensamiento: No es el cumplimiento de un mandato, es la inversión de tiempo, en cantidad y calidad, en una relación que nos trae salvación; es la oportunidad de dejarnos influir y desarrollar el carácter de nuestro Creador.

MAESTROS DE ESCUELA SABÁTICA:

Si eres maestro de Escuela Sabática, comparto contigo tres preguntas que te ayudarán a compartir los tres puntos que resumen el mensaje del tópico bíblico sugerido por la Lección de Escuela Sabática para ser repasada el Sábado 18 de febrero, 2012:
  1. ¿Por qué Dios creó e intencionalmente enfatizó la creación del séptimo día y la acción realizada dentro de este?
  2. Si en el Sinaí ya se sabía la existencia del mandato de observancia del Sábado, ¿por qué Dios lo hace parte de los mandamientos?
  3. ¿Por qué Jesús se ve en la necesidad de restablecer los los valores que dan origen al 4to Mandamiento?  ¿Nos podría estar pasando lo mismo a nosotros hoy?

lunes, 6 de febrero de 2012

Dios el Legislador

Recuerdo una anécdota que uno de mis tíos contó donde explicaba como una de mis primas, de meses de edad, al gatear por la casa hacía por meter sus dedos en el tomacorriente.  Como se habría de esperar, mi tío regañaba a su hija cada vez que ella hacía por meter los dedos allí, y trataba de desviar su atención a otras cosas menos perjudiciales.  Sin embargo, el poder que ese tomacorriente ejercía en mi prima la llevaba a, nuevamente intentar meter sus dedos allí.  No estoy seguro de los detalles del resto de la historia pero quiero recordad que mi tío le dio algo que sí entrara por los agujeros del tomacorriente y la dejó ir hacia allá.  Te imaginarás lo que sucedió.  Mi prima metió el metal que se le había dado y al instante recibió una descarga eléctrica, y desde allí en adelante jamás intentó jugar con el tomacorriente.

Aunque pareciera que la ley es una lista de prohibiciones, en realidad es un apuntador de las cosas que pueden privar nuestra libertad, felicidad y vida eterna, por eso Santiago la llama la "ley de la libertad" (Sant. 2.12).  La ley no pretende limitar nuestra libertad, sino delimitar lo que podría quitarnos la libertad.

Supongo que te acuerdas de los primeros tres capítulos del libro de Génesis.  Dios le dijo a la primera pareja que tenían de todo árbol para comer, pero que se tendrían que abstener de uno (Gn 2.16,17), pero la Serpiente se las ingenió para que nuestros primeros padres se sintieran aprisionados, dándole un sentido negativo a la prohibición de Dios (Gn 3.1).  En un momento, Eva se daba cuenta de su libertad, había tanto para comer, tanta variedad de frutas, era libre de disfrutar de cada una de ellas.  Sin embargo, al dialogar con la Serpiente, al enfatizársele que no podía comer de un árbol, de repente se sintió aprisionada y dispuesta a sacrificar su libertad por una fruta prohibida...  ¿No es esta nuestra experiencia?  Si observas bien los Diez Mandamientos, Dios dijo "no adulterarás", suena negativo, prohibitivo, sin embargo, en realidad lo que te está diciendo es que disfrutes de la vida "con la mujer [u hombre] que amas" (Ecl. 9.9).  Por eso, Dios se ha tomado el tiempo para apuntar aquellas prácticas, condiciones o hábitos que atentan contra tu felicidad.

A continuación, comparto algunas verdades bíblicas que Dios ha tenido a bien revelarnos con respecto a su Ley:


  • Así como las leyes que ponemos en casa definen el carácter del hogar y de sus integrantes, de la misma forma la Ley de Dios define el carácter de Dios, y carácter que espera nosotros desarrollemos (Mt. 5.48).  
  • La Biblia es clara, en ambos Testamentos, con respecto a la perpetuidad de la Ley de Dios; antes del Sinaí (Job 24.14,15; Gn 26.4,5; 32.2,3, Ex 16.4-30; etc.), como después de la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo (Sant 2.8-13; 1 Jn 3.14; 5.3, etc.).
  • Aunque se ha utilizado como argumento al "nuevo pacto" para reducir la labor de la Ley de Dios, presentándola como obsoleta, ¿por qué habría Dio de querer escribirla en nuestros corazones y mentes? (Heb 8.10; 10.16; Jer 31.33).  Es evidente que Dios proyecta su ley hacia la eternidad.  No ha sido clavada en la cruz; el nuevo pacto va aún más allá, las pasa de la piedra al corazón, confirmando que su palabra es para siempre (Isa 40.8).
  • Podríamos representar a la Ley de Dios como un cerco, no para nosotros, sino al pecado.  Es decir, la Ley de Dios no nos limita a nosotros, sino que limita al pecado, tal y como en Génesis 2.16,17.  De esta forma, nos ayuda a entender lo que significa amar a Dios y amar a nuestro prójimo (Rom 13.8-10; Gál 5.14; Sant. 2.8; 1 Juan 5.2,3).  De no ser así, cada quien tendría su propia definición de lo que significa amar a Dios y amar al prójimo, y ya la historia nos ha demostrado que esa no es buena idea, pues las barbaridades cometidas tanto en el cristianismo como en el paganismo así lo reflejan.
  • La Biblia presenta la necesidad de la Ley de Dios para nuestra salvación; no como un fin, sino como un medio para llevarnos a Cristo y ser restituidos (Gal 3.24; Sal 119.69-72).  Al vernos ante el carácter de Dios, comprendemos que no podemos hacer nada para salvarnos (Jer 2.22) para entonces acudir a él (Rom 7.15-25) en actitud humilde (Luc 18.9-14).
El tema de la Ley de Dios es un tema constante en toda la Biblia identificándola como eterna y unida al plan de salvación.  Define lo que Dios se refiere cuando nos dice que debemos amar a Dios y amar al prójimo, y encasillando lo que es pecado.  De esta forma, y nos guía a Jesucristo para que, por medio de su gracia, recibamos su perdón y salvación.


*Esta reflexión responde al tópico bíblico sugerido por la Lección de Escuela Sabática para discutirse el sábado 11 de febrero, 2012.

viernes, 3 de febrero de 2012

La santidad de Dios

Recuerdo muy claramente las palabras de mi madre cuando le discutía en mi época de adolescente: "ten cuidado porque no somos iguales".  Y tenía razón.  Independientemente de lo convencido que estuviera de mi posición, o lo injusto que me pareciera el trato, yo era e hijo y debía de comportarme como tal en mi interacción con mi madre.

Salmo 99.9 añade a lo una y otra vez dicho por la Biblia, la cual testifica ampliamente que "Dios es santo".  La Biblia no discute si Dios existe o no, lo da por sentado, pero sí establece Su santidad como algo primordial y fundamental para comprenderlo.  Es un tema que aparece en toda la Biblia, y que responde a la constante tendencia del ser humano a adorar la idea que se ha generado de Dios y no a Dios mismo.  Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, Dios se nos ha revelado y se ha auto descrito a través de los escritores bíblicos (profetas) e identificándose como el único que puede y debe recibir nuestra adoración (Ex. 20.1-11; Apoc. 22.9).

Dios ha creado las condiciones y los medios necesarios para que podamos interactuar con él (Heb. 1.1-4; Mt. 6.5-13; Jn. 15.9)).  Sin embargo, y a pesar de la familiaridad con la que Jesucristo se nos reveló en forma humana (Jn. 1.14), aún así, ¡no somos iguales!  Observo la experiencia de Juan, el discípulo amado (Jn. 21.20), quien se recostó en el pecho de Jesús (Jn. 13.25), pero que al verlo tal cual es, en su gloria, como Dios, cayó como muerto, según sus palabras en Apocalipsis 1.17.  Dios es santo, y está aparte de cualquier cosa en la creación.  hay una brecha entre un Dios que es santo y una raza de seres caídos que no lo son.  Por eso Job exclama "De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven.  por tanto me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza" Job 42.5,6.

Mucha de nuestra irreverencia en nuestro trato con Dios se debe a que observamos la versión que hemos adaptado y adoptado de Él.  Sin embargo, las cosas cambian cuando en realidad estamos ante su presencia, lo cual atestiguan los escritores bíblicos que registran su experiencia ante la presencia de Dios.  Pedro se sintió expuesto e indigno al reconocer a Jesucristo como Dios (Luc. 5.8).  Es cuando realmente estamos ante su presencia que nos sentimos en la necesidad de un Salvador, pues entendemos nuestra real condición.  En las Escrituras, siempre que un ser humano se encuentra con el Dios vivo, ha temor al descubrir la inmensidad de su pecaminosidad.  Es decir, al estar realmente ante Su presencia, nuestras actitudes cambian.

El universo entero está consiente de la santidad de Dios, en el cielo se le declara verbalmente constantemente como "Santo".  Estar ante la presencia de Dios, nos vemos como realmente somos y lo indispensable que es Dios para nuestra salvación.  La Biblia reporta que ante Su presencia la frivolidad desaparece y es sustituida por una actitud de arrepentimiento profundo.

Hoy, tenemos el privilegio y bendición de acercarnos confiadamente al trono de la gracia (Heb. 4.16).  El texto no nos dice que lo hagamos confianzudamente, con frivolidad, irreverentemente, pues el texto continúa diciendo, "para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".  Dios nos tiende la mano, nos ofrece salvación a través del sacrificio de Jesucristo.  Acerquémonos confiadamente a Él reconociéndole como Santo, Dios creador y sustentador de nuestras vidas y artífice de nuestra salvación.

*Esta reflexión corresponde al tópico sugerido por la Lección de Escuela Sabática a repasarse el Sábado 4 de febrero, 2012