viernes, 17 de abril de 2015

¿Quién es #Jesucristo?, #Lucas 4:16-30; 6:5; 9:18-27

No hace mucho tiempo atrás leí un libro titulado Zealot: Life and Times of Jesús of Nazareth, donde su autor, Reza Aslan, trata de generar los argumentos suficientes para identificar a Jesucristo con el movimiento político nacionalista de los zelotes, un movimiento caracterizado por su intransigencia y violencia.  Haciendo referencia a muchos de los mismos textos donde tú y yo encontramos consejos para vivir en armonía y motivación para amar a nuestros enemigos (Mateo 5:44), el autor de éste libro encuentra a un líder carismático con ideas radicales y estrategias de intimidación.  Pero éste autor no es el único que tiene ideas distorsionadas de la persona de Jesucristo.  Otros lo consideran un ser místico, una leyenda, un profeta, un buen hombre, un milagrero, e inclusive, el objeto involuntario para saciar la vanidad y codicia de terceros.  Jesús mismo el hizo la pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?” (Lucas 9:18).  Tal como hoy, la gente manejaba varias versiones y opiniones.  Jesús entonces reencauza su pregunta al plano personal: “¿Y vosotros, quién decís que soy?” (Lucas 9:20).  Independientemente de la opinión pública y/o de terceros, en última instancia, en lo que respecta a mí, mi respuesta es la que cuenta.  Entonces, dice Jesús, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23), porque el reconocimiento individual de la persona de Jesucristo, y las implicaciones para mi vida, debe se ir más allá de un simple deseo.  Para que tenga sentido el reconocimiento de Jesús como “el Cristo de Dios” (Lucas 9:20) deberá implicar un compromiso e intensión del confesor en todos los niveles de su existencia: desde las intenciones hasta las acciones.

Jesús es descrito como el eslabón que une el cielo con la tierra, es el único, el unigénito (Juan 3:16), que mezcla la divinidad con la humanidad desde su misma concepción.  No hay duda de la preexistencia de Dios Hijo (Juan 8:58; Colosenses 1:17; Apocalipsis 1:11-18; cf. Juan 17:24) a quien el mismo Juan el Bautista reconoce como Jehová (Lucas 3:4; Isaías 40:3-5; cf. Juan 1:15; Mateo 3:3; Marcos 1:3).  Sin embargo, en algún momento del año 4to a.C., aquél que dijo “Sea la luz” (Génesis 1:3), fue puesto en el vientre de una virgen, quien sin entender a plenitud lo que sucedía, se puso a disposición del cielo (Lucas 1:31-35).  Su concepción fue sobrenatural, divina: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra,” pero su nacimiento, no fue diferente al tuyo o al mío (Lucas 2:6-7).  Jesús es el cumplimiento de la promesa de rescate: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:21).  Juan el Bautista, acosado por las ideas de irrelevancia plantadas por Satanás, es reconfortado: “Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Lucas 7:22).


No cabe duda que el título que Jesús más utilizó para describirse fue el de “Hijo del hombre” (Lucas 22:67-70), no porque estuviese negando su preexistencia divina, pues su ministerio y misión testifican diferente.  El título de “Hijo del hombre” no es cuestión de origen, sino un esfuerzo por crear un vínculo de identificación con el ser humano que le permita acercarse “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).  La tarea no es fácil, no es sólo la idea de enfrentar la muerte, sino hacerlo a espaldas de Dios (Mateo 27:46), mientras Satanás vocifera a través de las burlas: “si eres el Hijo de Dios…” (Lucas 27:40).  Pero la salvación del hombre es un esfuerzo en conjunto fomentado por la Deidad y apoyado por el cielo.  Así, Moisés y Elías se presentan como prueba de que valdrá la pena el sacrificio (Lucas 9:28-36), de ahí que tú y yo tengamos hoy esperanza.

viernes, 10 de abril de 2015

El #bautismo y las #tentaciones, #Lucas 2:41-4:13

Lucas pone cuidado de mantener su relato dentro del curso de la historia e indica que el viaje de Jesús a Jerusalén a la fiesta de la pascua a sus doce años fue “conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).  El resultado de ese viaje se resume en las palabras de Jesús: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2:49).  Lo que sucedió entre medio queda sólo a la imaginación, la cual puede ser ayudada por el libro Deseado de todas las gentes, el capítulo ocho.  No es muy difícil imaginar lo que pudo haber experimentado Jesús al observar todo el sistema ceremonial, una promesa diaria de la obra que él mismo había pactado con el Padre hacer en favor nuestro desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:17-21).  Y sin embargo, dentro de la solemnidad de éstos pensamientos, y de las implicaciones eternas para la raza humana, José y María “no entendieron las palabras que les habló” (Lucas 2:50).  Hebreos 11:1 nos dice que “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”  Cuánto de los orígenes, de nuestra existencia, del universo y de nuestra salvación no entendemos, y no porque no podemos envolverlo en nuestra capacidad de raciocinio supone que es falso, como en algunas esferas se presume.  Nuestra oportunidad de ser herramientas en las manos de Dios descansa más en nuestra capacidad de confiar en la instrucción divina que en entenderla.


Como precursor del ministerio de Jesucristo, Juan el Bautista predicó un mensaje que ponía el fundamento para una mejor apreciación y asimilación del mensaje de Jesucristo.  Juan apela a una vida de valores morales fundamentales: dar el necesitado y no aprovecharse de los más débiles (Lucas 3:10-14).  Para la introducción que hace, supondríamos que los requerimientos del reino de Dios son complejos y cuesta arriba: “¡Oh generación de víboras!...  os digo que Dios puede levantar hijos de Abraham de estas piedras… todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa al fuego” (Lucas 3:7-9).  Sin embargo, el llamado se resume en hacer lo bueno y abstenerse de hacer lo malo, mensaje básico que le sirvió para ser encerrado en la cárcel (Lucas 3:20).  Qué difícil la naturaleza humana, que busca justificar su malas acciones y condena la justicia.  Hoy, dos mil años después, seguimos justificando el comportamiento que pone en riesgo no sólo nuestro bienestar físico, mental y espiritual en esta vida, sino que además nos entorpece para descifrar el sencillo mensaje que nos orienta a la vida eterna.  Y es dentro de éste contexto que Jesús es bautizado, generando así una manifestación de la Deidad completa, que se confabula para rescatar al ser humano del pecado, y de sí mismo (Lucas 3:21-22).


El Espíritu llevó a Jesús al desierto.  Es un momento vital de sosiego y meditación.  Lo que viene no será fácil.  Jesús es Dios, pero deberá actuar en completa sujeción al cielo delineando un ejemplo que podrá ser seguido por cada ser humano (1 Pedro 2:21).  Como nos sucede constantemente, Satanás aprovechó la oportunidad para tentar a Jesús…  La herramienta psicológica, atentar contra su identidad: “Si eres el hijo de Dios...” (Lucas 4:3,9), mismo argumento inclusive mientras cuelga de la cruz (Mateo 27:40).  La falta de reconocimiento de la existencia del diablo distorsiona grandemente nuestra percepción y entendimiento de la existencia y carácter de Dios.  Jesús se encuentra en desventaja en comparación a la última vez que se enfrentaron, en el cielo (Apocalipsis 12:7-9), sin embargo, por los intereses y motivos del diablo, ahora es más Jesús es más peligroso pues se encuentra en plena ejecución del plan de salvación.  En su afán de conseguir sus objetivos (Isaías 14:12-14), hace una oferta: “A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.  Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos” (Lucas 4:6-7).  Sin duda una oferta sin fondos.  Habiendo Jesús sido tentado en todo, pero sin pecado (Hebreos 4:15), nos deja el argumento sobre todo argumento: “Escrito está…” (Lucas 4:4,8,12).

-------

viernes, 3 de abril de 2015

La venida de #Jesús, #Lucas 1 y 2

Lucas asegura una investigación a conciencia, meticulosa y ordenada que terminará en una obra compuesta de dos tomos y que describe “El origen y la historia de la iglesia cristiana”: 1) El evangelio “Según Lucas”, como lo titulan los manuscritos más antiguos, y “Hechos” o “Los Hechos de los Apóstoles”, ambos dirigidos a un tal Teófilo (Amigo de Dios).  Hoy entendemos que Lucas operó bajo la influencia del Espíritu Santo, quien lo inspiró (2 Timoteo 3:16, cf. 2 Pedro 1:19-21) a dirigirse a las personas indicadas, recopilando la información adecuada para que recibiéramos la voluntad escrita de Dios.  No fue Dios quien escribió el evangelio sino Lucas, pero fue Dios quien inspiró al escritor quien, en su afán por despertar el interés en los amigos de Dios, asegura que su evangelio no presenta posibilidades, teorías o buenas ideas.  Lucas asegura relatar cosas sin sombra alguna de duda (Lucas1:1-3).  Desde el comienzo de su relato, encontramos que la venida de Jesucristo fue un evento propiamente planeado, claramente anunciado y debidamente ejecutado.  Como dijo el apóstol Pablo: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).

Después del anuncio del nacimiento de Juan el Bautista (Lucas 1:5-25), Lucas presenta el anuncio del nacimiento virginal de Jesucristo a María.  Pareciera que es una cualidad y defecto muy humano el elevar a niveles místicos los eventos y personajes de la historia.  Por eso Lucas nos presenta a una María tan humana como tú y yo que pregunta en completa confusión: “¿Cómo será esto? pues no conozco varón” (Lucas 1:34).  A pesar de que el ángel intenta explicar la lógica detrás del plan, al final no le exige a María que lo entienda, sino que confíe en la voluntad y capacidad de ejecución de Dios: “Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).  Y es que la estrategia legal, pues la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), que permite nuestra salvación escapa infinitamente las posibilidades y recursos humanos.  La estrategia de salvación es única y exclusivamente posible en la intervención y ejecución divina.  Al revisar el plan de salvación encontramos que la pobreza material que la Biblia describe en el nacimiento de Jesucristo (Lucas 2:7 y 24) es insignificante en comparación con el cambio de estatus, de Dios omnipotente a niño frágil e indefenso.

Ser buenos no es suficiente…  Estoy seguro que en la comunidad donde vivimos cada uno de nosotros podemos identificar a más de una persona buena.  Lucas identifica a Zacarías y su esposa como “justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6), sin embargo no es suficiente.  Zacarías, sin ser diferente a nosotros, cuestiona la promesa divina y pide garantías.  Tal vez en el pasado se había emocionado ante la posibilidad de tener un hijo sólo para, una vez más, ser desilusionado.  Así como María, Zacarías también es un ser humano.  Pero Dios, aún allí, no lo abandona.  Le cumple el deseo… y su hijo será mucho más de lo que ha pedido (Lucas 1:13-17).  Cumplirá un propósito definido y vital en la comunicación del plan de salvación.


La profecía que Simeón hace en el templo teniendo al niño “en sus brazos” (Lucas 2:25-32), nos prepara emocional, intelectual y espiritualmente para la recorrido que haremos a través del evangelio.  Encontramos que es Dios quien ejecuta todo el plan.  Es el creador, el juez y además quien determina los parámetros de nuestra salvación.  Encontramos además que la realización del plan es legal únicamente a través de la sustitución.  Para que el plan sea completamente efectivo, de nosotros se demanda exclusividad a ese plan.  Pero la exclusividad que Dios demanda no es bajo los términos del egoísmo humano, sino en el hecho de que no existe otra forma u otro medio de salvación (Hechos 4:12).  En términos prácticos, la única forma de planchar una camisa es conectando la plancha en el tomacorriente.  Si “conecto” la plancha a una fruta, el agua, a la tierra o un hoyo en la pared, no funcionará, aunque no como castigo o reacción egoísta por parte de la electricidad.  Podré planchar mi camisa si la plancha está conectada única y exclusivamente al tomacorriente.

viernes, 20 de marzo de 2015

La humildad de los sabios, #Proverbios 30

¿Qué es humildad? San Agustín escribió que la "humildad es la fundento de todas las demás virtudes, " y Simone Weil, que es "la raíz del amor." Y sin embargo, y de acuerdo a E.D. Hulse, "la humildad es una cosa extraña. En el minuto en que pensamos haberla conseguido, la perdemos."

El capítulo 30 de Proverbios, escrita por un tal Agur, hijo de Jaqué, y de quien no sabemos más, dedica todo su espacio en presentar suficientes argumentos para convencernos de nuestras limitaciones como seres humanos, y hacernos ver que la sabiduría no es en sí sabiduría a menos que esté dentro del contexto de la humildad. Agur comienza exponiéndose al decir, "Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, Ni tengo entendimiento de hombre" (Proverbios 30:2), por lo que "si neciamente has procurado enaltecerte..., pon el dedo sobre tu boca" (Proverbios 30:32). La ignorancia o falta de sabiduría, pues, aunque involuntaria, no deja de traer sus consecuencias a los individuos. Bien dice el dicho, "la ignorancia es temeraria."

El escritor cristiano C. S: Lewis, en su libro Mere Christianity, escribió que "el primer paso hacia la humildad es darnos cuenta que somos orgullosos." Tal vez por eso Agur escribió: "Yo ni aprendí sabiduría, Ni conozco la ciencia del Santo. ¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?... No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, Y seas hallado mentiroso" (Proverbios 30:3-6). Es que una visión corta y un conocimiento limitado tienden a elevar nuestro ego.

Pertenecemos a una sociedad que es orgullosa, que justifica sus acciones y explica sus vicios. Conociendo la naturaleza humana, Agur pide a Dios que le provea sólo lo justo, lo menos lo lleva a maldecir y revelarse contra Dios, lo mucho, a negarlo (proverbios 30:8-9). Mientras que Richard Dawkins, y demás, trata de convencernos de que la idea de Dios y el establecimiento de la religión son consecuencia del mucho tiempo que tiene el hombre de espaciarse en sus pensamientos, después de haber suplido las necesidades primarias, la sociedad insiste en rechazar a Dios una vez satisfecha, suponiéndose autosuficiente. ¿Qué motiva al hijo a maldecir a su padre y madre, sino es la suposición de autosuficiencia?, ¿y al individuo a justificar sus vicios? (Proverbios 30:11-17 y 20).

Jesús abre el gran Sermón del Monte diciendo "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:3). Sí, el camino a la sabiduría debe estar en el contexto de la humildad, no como una elección, eso sería orgullo, sino como una consecuencia del reconocimiento de quienes somos, y quién es Dios (Proverbios 30:18-19 y 24-28). Dios promete que "De nada es privada el alma que siente su necesidad" (DTG 267).

viernes, 13 de marzo de 2015

Vivir por #fe, #Proverbios 28-29

Cuando recién abrimos el libro de los Proverbios, nos encontramos con una declaración bastante categórica la cual dice: "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová" (Proverbios 1:7), concepto no solitario en el mar de proverbios contenidos en el libro, sino que lo encontramos repetido varias veces, al igual que en otros pasajes de la Biblia tales como en Job 28:28, Salmo 111:10 y Eclesiastés 12:13.  Como en su momento lo dedujimos, Dios ofrece una plataforma sobre la cual podemos edificar nuestra sabiduría, es el cristal a través del cual vemos la vida, el filtro a través del cual evaluamos la realidad.

Al final del libro de Proverbios, sin embargo, se nos recuerda el otro lado de la moneda, cuando el ser humano pretende ser su propia plataforma cristal o filtro.  Ya previamente habíamos analizado declaraciones tales como: "No seas sabio en tu propia opinión" (Proverbios 3:7), " Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 14:12), "¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él" (Proverbios 26:12).  Salomón, en Proverbios 29:25, añade que "El temor del hombre pondrá lazo..."  Mientras el temor a Jehová es el principio de la sabiduría, el temor del hombre pone lazo, que en el hebreo da a entender la restricción o perdida de la libertad.  En su deseo de independencia de Dios, el hombre ha desarrollado un muy pobre y limitado concepto de sabiduría y libertad.  Los tan aplaudidos avances en materia de ciencia, tecnología, filosofía, salud, psicología, educación, y demás, han generado una peligrosa confianza del hombre en el hombre, mientras Jesucristo insiste: "y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32).

La libertad absoluta, como el ser humano la idealiza, no existe.  Estamos sujetos a nuestro contexto y desarrollamos ideas y conceptos dentro de ese contexto.  Nuestra lealtad a Dios, que nos produce verdadera libertad, es definida en Proverbios 28:4-9 de la siguiente manera: 1) No se puede ser neutral, "Los que dejan la ley alaban a los impíos; Mas los que la guardan contenderán con ellos", 2) La ley de Dios, las Escrituras, nos permiten calibrar nuestro criterio, "El que guarda la ley es hijo prudente", 3) La revelación escrita de Dios nos educa y alinea en nuestra devoción y adoración a Dios, "El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable."  Cuantas injusticias abominables no se han cometido en nombre de la religión y devoción a Dios, por falta de conocimiento y entendimiento de Su voluntad.

Como cualquier ley que incentiva o restringe determinados comportamientos, la ley de Dios busca conducirnos a Dios (Gálatas 3:24), pues las corrientes que nos alejan de la vida eterna son muy fuertes e insistentes.  1 Juan 2:15-17 nos dice: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo...  el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre."  Pareciera convencernos el mundo de invertir en él, pero Juan nos recuerda que invertir en el mundo es una inversión a muy corto plazo, mientras que si invertimos en Dios, invertimos a plazo eterno.  Salomón no insinúa nuestra mediocridad en ésta tierra para alcanzar la vida eterna. En el libro Consejos para los maestros... página 346 leemos: "La ignorancia no aumenta la humildad o la espiritualidad de cualquier profeso seguidor de Cristo." Podríamos sustituir "ignorancia" con algunos calificativos que se pueden confundir con espiritualidad. Por el contrario, Salomón define las fronteras que permiten nuestro desarrollo, prosperidad y éxito en esta tierra al tiempo que nos proyectan a la eternidad: No te enriquezcas a costa de los pobres (Prov. 28:8), Dar a los pobres (Prov 28:27), Trabajar arduamente (Prov. 28:19), No trates de ser rico rápidamente (Prov. 28:20,22). En pocas palabras, Salomón nos invita a invertir haciendo sabio uso de nuestros recursos dentro de los límites de la integridad (Proverbios 28:6), en las diferentes esferas en las que nos desenvolvemos (Eclesiastés 9:10).

Pero saber hacer lo correcto no es suficiente.  Así como los padres hacen uso de diferentes métodos para que los hijos aprendan la disciplina de la fuerza de voluntad y dominio propio (Proverbios 29:15 y 19), Dios trabaja a través del Espíritu Santo en el corazón del hombre para convertir el querer en el hacer (Filipenses 2:13).  El libro Palabras de vida del gran Maestro, página 341 dice: "Implantando en el corazón los principios de su Palabra, el Espíritu Santo desarrolla en los hombres los atributos de Dios."

viernes, 27 de febrero de 2015

Palabras de #verdad, #Proverbios 22-24

Al tratar de convencer a alguien de algo o al dar un consejo, hacemos uso de por lo menos dos tipos de información: aquella más individualizada que parte de argumentos basados en valores, principios, creencias y/o fe de una determinada sociedad, grupo u organización, y aquella menos personal que utiliza como argumento hechos que han sido observados y comprobados y que no dependen necesariamente de puntos de vista particulares. Salomón pareciera recordar a sus aconsejados que él ha utilizado ambas, "consejos y en ciencia" (Proverbios 22:20), términos hebreos que también podrían traducirse como deliberación, consulta conjunta, y conocimiento y sabiduría. Y sin embargo, para el desarrollo apropiado del carácter, aún no es suficiente. El aconsejado debe tener una disposición activa a escuchar y ejecutar el consejo; "Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi sabiduría" (Proverbios 22:17).

A diferencia de otros escenarios, el que Salomón describe en el libro de Proverbios claramente responde a leyes y autoridades superiores a las humanas. Sus consejos no se detienen en bienestar y prosperidad, sino que reconocen la responsabilidad del ser humano de responder a Dios aún cuando las leyes humanas nos justifiquen. En la lucha por sobrevivir y "prosperar", la codicia nos lleva a considerar métodos que generalmente atentan contra la integridad nuestra y la de aquellos que carecen de recursos para defenderse (Proverbios 23:17 y 24:19-20). Por eso Salomón insiste: "Jehová juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojaren" (Proverbios 22:23). Pero aún aquí, en declaraciones tan amenazantes como ésta se asoma la misericordia divina.

¿Recuerdas el caso del Rey David? 2 de Samuel 11 y 12 describen la acción deshonesta y vergonzosa de David, junto con el regaño recibido por parte del profeta Natán. Sí, David se aprovechó del pobre, sacó ventaja de su posición y, codiciando la mujer del prójimo, cometió adulterio y después homicidio, para cubrir sus acciones. Sí, "Jehová juzgará la causa de ellos", y "para el malo no habrá buen fin" (Proverbios 24:20). Pero al considerar el completo de las Escrituras, cuando entremos al cielo, habrá un momento donde Urías, Betsabé y David se encontrarán... En 1 Reyes 14:8 Dios describe a David como quien "guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos." Sí, Dios vela por la integridad de los más indefensos, pero también perdona el alma arrepentida (Salmo 32 y 51). El concepto de justicia divina y salvación escapa la comprensión del ser humano.

Como se mencionó previamente, la codicia y autocomplacencia también nos llevan a atentar con contra nosotros mismos. Proverbios se detiene en el consumo de alcohol (Proverbios 23:29-35), y también hace referencia a la alimentación. Salomón nos indica que la comida puede ser mal utilizada tanto en términos fisiológicos como en el ámbito social (Proverbios 23:1-8).

Dios nos ha encomendado la tarea de instruir, para que nosotros seamos también instruidos. De acuerdo al cielo, tenemos la responsabilidad compartida en la salvación de nuestro prójimo (Proverbios 24:1). Aunque el Espíritu Santo es quien convence de pecado, y Jesucristo quien nos sustituye ante la ley, está en nosotros educar e instruir. Satanás ha pervertido ésta comisión y algunos la confunden con el uso descuidado de la información relacionada a nuestro prójimo, algo que Proverbios condena terminantemente (11:13, 20:19 y comparar Levítico 19:16). El trato con las deficiencias y pecados de los demás está ampliamente discutido en las Escrituras que sugieren un delicado equilibrio que nos lleva de la indiferencia a la pulcritud, del chisme a la intervención para restauración.

viernes, 20 de febrero de 2015

Palabras de #sabiduría #Proverbios 20-22

No sé si sucede con todos, pero supongo que la gran mayoría gusta de comprar productos buenos y baratos. Pero para ello, es necesario hacer algún tipo de investigación, pues todos los productos se presentan como los mejores y, considerando la supuesta calidad, como los más baratos. Ya sea que el producto sean autos, ropa, o tienda de abarrotes, todas dicen ser el mejor. Pero bien sabemos que esto no es así. Un par de años atrás, en casa se nos descompuso la aspiradora, y nos vimos en la necesidad de comprar una nueva. Al revisar las diferentes opciones que teníamos, y considerando nuestro presupuesto, encontramos que todas las marcas decían ser las mejores. Algunas muy baratas y otras muy caras, pero por la calidad del producto, decían, eran también muy baratas. Obviamente, no podíamos confiar sólo en la versión de esas compañías, así que acudimos al consejo de los consumidores. Como has de suponer, descubrimos que no todas las aspiradoras cumplían su promesa de ser la mejor, algunas, inclusive, eran de entre las peores.

Salomón dice que "muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?" (Proverbios 20:6). No por que se enfatice el decir ser, significa que se es. Vivimos en un mundo donde más y más se le da énfasis a la apariencia por encima del contenido del carácter. Estamos constantemente expuestos a individuos cuya profesión es tan superficial, como los deportistas y celebridades que se dedican a entretener, pero que sin embargo tienen una fuerte y con frecuencia desmedida influencia sobre el orden de las prioridades en la opinión pública. Pero el consejo bíblico insiste: "No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía el valiente, ni el rico en su riqueza", haciendo referencia en el valor que le ponemos a lo que sabemos, hacemos o tenemos, "mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra" (Jeremías 9:23-24).

Para hacer una correcta evaluación de quienes somos, y hacia dónde podemos llegar, debemos partir del reconocimiento de nuestra herencia de constante tendencia al mal. Salomón dice: "¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?" (Proverbios 20:9), pregunta que contesta en Proverbios 22:15, "La necedad está ligada en el corazón del muchacho." Otros textos en las escrituras dicen: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23), y "Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque" (Eclesiastés 7:20).

El propósito divino es comenzar un proceso de reversión en nosotros y nuestros hijos (Proverbios 22:6) que nos lleve al estado original en el cual fuimos creados que "vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera" (Génesis 1:31). Para ello, Jesús mismo marcó la dinámica de éste proceso cuando dijo: "Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos" (Marcos 9:35). Justamente aquello que socialmente consideramos irrelevante y hasta despreciable, es justamente la dinámica que revierte nuestra herencia. En la lección de Escuela Sabática encontramos la siguiente declaración: "El carácter de una persona no se mide tanto por la sabiduría o aun por su compromiso religioso sino, más bien, por su disposición de ayudar a los pobres y los necesitados... El samaritano que salvó a su prójimo está más cerca del Reino de Dios que el sacerdote piadoso (Luc. 10:26-37)." Salomón lo expresa así: "El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído" (Proverbios 21:13).

Para que una actitud anti egoísta y de servicio tenga sentido, debemos reconocer nuestra relación de procedencia con aquellos que nos rodean. En la declaración de independencia de los Estados Unidos se asegura que "todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables." El concepto de igualdad no puede proceder de una mente atea, sino del reconocimiento de un origen pensado y planeado, y con un propósito adjunto a nuestra vida. Salomón asegura que "El rico y el pobre se encuentran; a ambos los hizo Jehová" (Proverbios 22:2). El trato o maltrato del prójimo es un trato o maltrato directo al Creador. Jesús dice que "en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mateo 25:40), y "todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas" (Mateo 7:12).

viernes, 13 de febrero de 2015

¿Cómo tratar con las peleas?, #Proverbios 17-19

Varios meses atrás terminé de ver una mini serie por televisión la cual me dejó con varios pensamientos, y me sirvió para la reflexión.  Quise saber si habría una siguiente temporada, por lo que me metí en Internet a investigar, y dentro de las muy pocas referencias al respecto, encontré una entrevista hecha al protagonista de la serie, que además era también el escritor.  Fue una entrevista no muy larga, menos de diez minutos, y dentro de las preguntas que le hicieron, fue justamente lo que yo quería saber.  ¿Habrá una siguiente temporada?  A lo que el escritor/actor contestó que aún lo había evaluado, pero que lo más seguro era que no.  Los entrevistadores le sugirieron, entonces, que considerara hacer una película y allí tratar y dejar definidos algunos elementos de la serie que habían quedado sin definir.  El escritor/actor lo pensó un par de segundos, y dijo que sí, que ya se lo habían sugerido, pero que debía dedicar tiempo a pensar bien en el argumento y así justificar la hora y media que duraría la película.  Más allá de la posibilidad de una siguiente temporada o una película, me impactó eso último que el escritor/actor había dicho, y recordé lo que en cierta ocasión me dijo el Ptr. Mario Collins, "No es lo mismo tener algo que decir, a tener que decir algo."

Muchos de los conflictos interpersonales a los que nos vemos expuestos son el resultado del mal uso de información y una pobre elección de palabras.  En mucho más de una ocasión hemos cedimos a la tentación de "tener que decir algo", cuando la Biblia, y el libro de Proverbios, nos han encomendado la delicada y fundamental responsabilidad de proteger la integridad y reputación de nuestro prójimo.  Mientras que el versículo 11 de Proverbios 17 nos recuerda de la importancia de controlar nuestra reacción a la ofensa, el versículo 9 nos advierte de las consecuencias de divulgar las faltas de los demás.  En el escenario de la vida en sociedad, ya sea en la iglesia o en el barrio, el manejo de información ajena no es algo que hacemos con el mayor de los cuidados o las más elevadas exigencias de ética.  Mientras tenemos la mutua responsabilidad de corrección y consejo (Proverbios 17:10 y 19:25), tenemos también definidos los parámetros para hacerlo (Mateo 18:15-18).

La Biblia presenta un caso registrado en Juan 8:1-11.  Dentro de las muchas lecciones que se pueden extraer de esta historia, hoy resalta el hecho de que los acusadores de la mujer adúltera tenían razón, "en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres" (v5).  El mandamiento es claro, "No cometerás adulterio" (Éxodo 20:14), y las consecuencias en la ley dada a través de Moisés eran fatales (Levítico 20:10 y Deuteronomio 22:22).  Jesús, sin embargo, aseguró, "ni yo te condeno; vete, y no peques más" (v11).  Aunque tradicionalmente suponemos que a quien se protegió en esta historia fue a la mujer adúltera, Jesús, manejando ética y prudentemente información privada, protegió también a los acusadores.  Como habrás ya notado, ni tú ni yo sabemos qué escribió Jesús "en tierra con el dedo" (Juan 8:6).  Suponemos que fue algo grave, pues los llevó a uno por uno abandonar la escena.  Eran tal vez pecados que también tenían que ver con el adulterio y que los condenaban a ser apedreados, por el contexto de la historia, y sin embargo, aún no sabemos qué escribió Jesús.  Porque el objetivo principal del cielo al establecer los parámetros del gobierno de Dios no es el de tratar "de condenar sino de salvar" (DTG 427).

En ésta dinámica de vivir en sociedad, no podemos permitir que lo que suponemos tenga más peso de lo que en realidad es.  Salomón nos dice que el "que responde palabras antes de oír, le es fatuidad y oprobio" (Proverbios 18:13), y "justo parece el primero que aboga su causa; pero viene el adversario, y le descubre" (Proverbios 18:17).  No es una realidad poco común la tediosa tarea de tomar el tiempo para aclarar versiones y reinstalar la verdad por sobre la suposición (Proverbios 18:6-8).  Por eso la validez de la advertencia de Jesucristo cuando dijo: "Mas yo os digo que toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.  Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mateo 12-36-37).

Consciente de nuestras deficiencias (Proverbios 19:9,28), Jesús nos dejó una estrategia para restringir y limitar el daño que podemos causar en nuestras relaciones interpersonales por el mal manejo de información, donde las diferencias, suposiciones y versiones se resuelven en el círculo más íntimo posible: "Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.  Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.  Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.  De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo" (Mateo 18:15-18).

viernes, 6 de febrero de 2015

Lo que consigues no es lo que ves, #Proverbios 14-16

Por más que sintamos que hayamos avanzado en temas sociales, políticos, económicos, científicos o tecnológicos, como seres humanos aún seguimos limitados por el espacio y tiempo.  No estamos en condiciones de tener todo el conocimiento y toda la experiencia para tener una perspectiva correcta y absoluta de la vida.  Todo lo que nos sucede y experimentamos, es filtrado por nuestra cosmovisión, la cual es formada por la educación que recibimos, la cultura a la que fuimos expuestos, a las condiciones socioeconómicas donde nos desarrollamos, entre otras.  Por más que lo intente, jamás podré ver la vida y evaluar la experiencia tal y como tú lo haces.  El objetivo de estas previas deducciones no es para argumentar en favor del relativismo, donde dos personas pueden creer en forma opuesta sobre algo y al mismo tiempo ambos tener la verdad.  Antes bien, el ejercicio previo fue con la intención de reconocer nuestras limitantes y no excedernos en nuestra propia opinión, que puede producirnos dolor, sufrimiento e inclusive la pérdida de nuestra esperanza.  Salomón dijo: "Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 14:12).  Y aunque pensadores han asegurado, como Thomas Paine que dijo que "El arma más formidable en contra de cualquier tipo de error es la Razón..."  Sería fatuo suponer que nuestra razón incluye todos los argumentos existentes para asegurarnos un futuro próspero y feliz en éste mundo, y la bendita esperanza de la vida eterna.  Por eso, para discernir y discriminar entre la verdad y el error, se requiere aún más que los sentidos, la lógica y aún la razón.  En realidad, nuestra única plataforma firme y segura es Jesucristo: "Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Corintios 3:11), cuya palabra "permanece para siempre (1 Pedro 1:25; Isaías 40:8).

Proverbios 14 presenta algunas diferencias entre aquellos que son sabios (Proverbios 1:7), y aquellos que por confiar en su propia prudencia son llamados necios:  Mientras los necios habla con soberbia (v3), se burla de la sabiduría (vv6-9), es crédulo (v15), es impulsivo (vv16,19), y oprime a otros (vv21,31), el sabio habla con humildad (v3), valora el aprendizaje (vv6,18), es cauto (v15), es apacible y paciente (vv29,33), es compasivo y sensible (v21,31).

La conciencia de la presencia de Jehová nos ayuda a entender mejor nuestros derechos, libertades y privilegios.  En una era donde se en forma desmedida se enfatiza más los derechos que las responsabilidades, el temor a Jehová nos permite desarrollar una dinámica saludable de libertad y sujeción.  Salomón asegura que "Los ojos de Jehová está en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos" (Proverbios 15:3).  Fácil sería concluir que la labor de Dios consiste en vigilar a sus criaturas, pero al suponer esto, estaríamos reduciendo a Dios a nuestras propias tendencias e intenciones.  Quién de nosotros no ha sido multado por un policía que escondido en un callejón, o entre las sombras de los árboles nos sorprendió violando alguna ley de tráfico.  Ese podría ser el filtro utilizado para interpretar que los ojos de Jehová nos están "mirando".  Pero sería una falta de honestidad limitar nuestra interpretación de la labor de Dios sólo a nuestra razón, pues la Biblia también dice que Jehová es nuestro pastor, y que por eso nada nos faltará (Salmo 23:1).  Además dice que nos amó tanto, que dio a su hijo único para que todo aquel que en él cree, no se pierda sino que tenga vida eterna (Juan 3:16).  Sí, es cierto que la paga del pecado es muerte, pero también es cierto que el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos 6:23).  Porque somos finitos y limitados, la Biblia encausa nuestra razón, nos orienta a desarrollar un mejor entendimiento de Dios, y así permitirnos desarrollar una dinámica saludable que posibilite nuestra salvación.  Y es bajo el entendimiento de que la vigilancia divina se centra en nuestra salvación, cuando apreciamos el consejo divino en cuanto a la forma en que debemos reaccionar a la agresión (vv1,28), la actitud que debemos cultivar ante el consejo (vv5,22,32), la actitud que debemos tener hacia la vida (v13), y la verdadera prioridad que le debemos dar a las cosas (vv16,17), como también las intenciones al acercarnos a Dios (v8).

En esa sujeción saludable de la que habla y recomienda la Biblia es que aprendemos a balancear nuestra voluntad con la voluntad de Dios.  Salomón escribió que aunque "del hombre son las disposiciones del corazón", es en última instancia de Jehová "la respuesta de la lengua (Proverbios 16:1).  Seguimos recalcando las limitantes de tiempo y espacio que estamos sujetos todos los seres humanos.  Salomón quiere que reconozcamos quién es en realidad quien tiene el control.  Por eso insiste: "Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu" (Proverbios 16:18).  Recuerdo en mis discusiones de adolescente con mi madre escuchar el argumento irrevocable "ten cuidado, porque no somos iguales," argumento que me ayudaba a entender quién en realidad era yo, y quien era mi madre.  Un ejercicio que resultó saludable en el respeto a la autoridad.  Salomón recalca lo mismo: "Mejor es humillar el espíritu con los humildes" (proverbios 16:19).  Así como el hijo adolescente desea liberarse, sin tener idea ni la capacidad de manejar esa libertad, así el ser humano que cuando intenta convencerse que no necesita a Dios.  Es cierto, y Salomón lo vuelve a recalcar, "Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 16:25).

viernes, 30 de enero de 2015

Las bendiciones de los justos, #Proverbios 10-13

Salomón es insistente. No escatima en argumentos para convencernos de que el deseo humano de saciedad se satisface sólo dentro de las fronteras del gobierno de Dios, pues "la memoria del justo será bendita" (Proverbios 10:7). Dedica tiempo a presentar los diferentes escenarios de las consecuencias que deberemos enfrentar como resultado de nuestras acciones. Se resalta la sabiduría, la justicia, la diligencia, la sensatez, y se contrasta con la necedad, la maldad, la codicia, la negligencia, la indignidad y la impiedad (Proverbios 10:1-7).

A pesar de nuestra inclinación de constante y probada tendencia al mal (Romanos 3:23), Salomón no nos disculpa, sino que insiste en que somos bastante responsables de lo que hoy vivimos, y grandemente influyentes de nuestro destino. Aunque no sea siempre perceptible en primera instancia, cada quien cosecha lo que sembró (Gálatas 6:7), pues "tarde o temprano, el malo será castigado; mas la descendencia de los justos será librada" (Proverbios 11:21). Siendo que hacer lo correcto es una inversión a largo plazo, mientras que lo incorrecto trae resultados inmediatos (Proverbios 12:19), Salomón nos invita a reconocer en humildad nuestras limitaciones (Proverbios 11:2; 13:10 y 16), y a ser receptivos y seguir la instrucción (Proverbios 11:14; 12:1 y 15).

Dentro de los diferentes elementos que marcan nuestro destino, Salomón le da mucha importancia a lo que decimos. Para él, las palabras tienen la virtud o el defecto de generar paz o provocar el conflicto, al tiempo que definen la moral de quien las dice. Al respecto tiene mucho que decir: "Manantial de vida es la boca del justo; pero violencia cubrirá la boca de los impíos" (Proverbios 10:11), "Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina... Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento" (Proverbios 12:19 y 22). Y es que en ésta dinámica de influencia mutua (Proverbios 13:20), tenemos también una responsabilidad mutua que nos permite asimilar los principios y valores del gobierno de Dios, demostrados a través del ministerio de Jesucristo. Hacer desviar la verdad y hacer errar al prójimo no es una falta liviana en los dominios divinos. Antes bien, es nuestra responsabilidad hacer uso de los diferentes recursos a los cuales tenemos acceso, siendo nuestras palabras uno de los más eficientes, para servir de guía a prójimo (Proverbios 12:26).