viernes, 11 de abril de 2014

Cristo y la ley de Moisés

Contrario al supuesto popular, Jesucristo no fundó ni pretendió establecer una nueva religión.  Por el contrario, Jesucristo vino a darle seguimiento al plan de salvación diseñado desde la fundación del mundo (Efesios 1:4), puesto en marcha en el Edén (Génesis 3:15).  La existencia de las diferentes religiones responde, entonces, a la resistencia propia del ser humano a permitir a Dios dictar las fronteras y los pormenores de la religión, y someterse completamente sin interposición de prejuicios e ideas personales, a su voluntad (Juan 5:46), entendiendo a la religión como el mecanismo que permite al ser humano adecuarse a la intervención de Dios.

La Biblia indica que el pueblo Israelita fue elegido por Dios como los depositarios de los detalles del plan de salvación (Hechos 7).  Para ello, Dios elaboró un sistema de recordatorio cíclico, a través de la religión, para que el pueblo se mantuviera consciente de la dirección divina y de la promesa de la erradicación completa del pecado (Lucas 2:41-43; Juan 2:13-23; Mateo 26:17-20; Hechos 2:1-4; Juan 10:22).  Las diferentes fiestas y ceremonias que allí se celebraban, permitían al pueblo experimentar y revivir la dirección de Dios en el pasado, y de esta forma poderse proyectar al futuro con la esperanza de que Dios seguirá cumpliendo su promesa.  Así como los países tienen días especiales para recordar ciertos eventos importantes que forman parte de su historia, los israelitas también los tuvieron, con la variante de que a través de sus fiestas en específico, Dios le anunciaba al mundo, tanto su involucramiento en la vida del ser humano, como su plan de salvación.

Como es de suponer, al Jesús ser el Verbo hecho carne (Juan 1:14), formó parte natural, orgánica, de las condiciones religiosas, culturales, sociales y políticas de su época.  La Biblia da fe de la sujeción que Jesucristo demostró al ser un fiel judío en todo sentido, adherido a las leyes que él mismo formuló y comunicó a Moisés.

Hoy también estamos sujetos a leyes y a una religión.  Grave es cuando confundimos un medio por un fin, cuando hacemos de la religión un fin y no un medio.

viernes, 4 de abril de 2014

Las leyes en los días de Cristo

Las leyes cumplen la función de limitar y promover un comportamiento que permitan una dinámica de orden y buen funcionamiento de un gobierno, asociación u organización, tomando en cuenta las tendencias naturales del ser humano (Génesis 6:5; Romanos 7:12-25).  Es decir, si los integrantes de dicho gobierno, asociación u organización cumplen ciertas funciones en forma natural, no hay necesidad, entonces de un ley que las promueva.  En términos simples, no existe ninguna ley que nos obligue a respirar mientras manejamos, esto lo hacemos naturalmente, pero sí existen leyes, en el mismo contexto, que restringen y promueven la velocidad y el flujo de tráfico.  Las falencias naturales del ser humano, aquellas características heredadas por el ingreso del pecado, nos llevan a considerar el establecimiento de leyes que permitan el desarrollo individual y social dentro de un marco en armonía con los principios y valores de dicha sociedad.

En la relación de Dios con el ser humano, también Dios a depositado en nuestras manos la administración y ejecución de leyes que definen las relaciones interpersonales dentro de los parámetros del cielo, como también leyes que permiten la relación del ser humano con Dios.  Añadiendo a las leyes civiles y de salud, las Escrituras también hacen referencias a leyes más en torno a la vida religiosa del pueblo de Dios, es decir, leyes ceremoniales (Levítico 1:1 al 9; 2:14 al 16; y 5:11 al 13).  Las leyes ceremoniales son aquellas fueron diseñadas para explicar gráficamente la dinámica del proceso de salvación.  Todos los días, como nación y como individuos, el pueblo de Dios era expuesto a la experiencia de los requerimiento de la salvación.  Desde la confesión, la sustitución, la intercesión como de la erradicación completa del pecado, el pueblo era educado también visual y experimentalmente de los requerimientos de la ley y la salvación (Génesis 2:17;Romanos 6:23).

Además, las Escrituras son claras y consistentes en relación a una ley aún superior, universal y eterna, escrita por el dedo de Dios (Éxodo 31:18), y claramente diferenciada de las demás (Nehemías 9:13 y 14; Mateo 19:16 al 19).  Los Diez Mandamientos, la ley moral, no buscan someter al ser humano, sino definir en términos divinos la relación de amor entre el individuo y Dios, como también la relación de amor entre los seres humanos (Romanos 13:8 al 10; y Santiago 2:8 al 12).

No es un secreto las consecuencias de la interposición del hombre con respecto a la administración y ejecución de las leyes de Dios, moral, ceremonial, de salud o cívicas.  Como resultado del egocentrismo y tendencia natural a la rebelión heredados por la entrada del pecado, con frecuencia buscamos someter el mandato de Dios a nuestra percepción, prejuicio o limitada comprensión encerrando en nuestra mente la magnificencia de Dios, su amor y justicia.  Y sin embargo, aún allí nos alcanza el amor y misericordia de Dios, tema que estaremos discutiendo por los próximos tres doce temas.

viernes, 28 de marzo de 2014

El costo del discipulado

"Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación" (2 Cor. 1:7).

Por momentos me disgusta la expresión "costo del discipulado", tal vez por mi trasfondo cultural, porque puede sonar como un sacrificio con tintes de "manda", donde es necesario experimentar dolor y para ser merecedor de los favores de Dios.  Sin embargo, las Escrituras son insistentes en los objetivos del discipulado y su costo.  Podríamos concluir, después de tres meses de estudio, que el costo del discipulado es más bien la matrícula, la inversión, que permite ser educados en el currículo del cielo, y que cuya oferta es la salvación eterna.  Desde ésta perspectiva, las palabras de Cristo "
Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:27) cobran otro sentido.  No es un sacrificio para ganar un favor, es una consecuencia de la postura que hemos tomado dentro del contexto del gran conflicto (2 Timoteo 3:12; 1 Pedro 2:21).

Aunque las exigencias del discipulado son grandes, grandes es su recompensa.  Comenzando por nuestras motivaciones, las razones de seguir a Jesús deben superar nuestros deseos de prosperidad y trascendencia en éste mundo.  Incluye además una exclusividad que toca, en ocasiones, nuestras relaciones familiares (Lucas 14:26; Éxodo 20:3).  El discipulado no es un pasatiempo, ni el involucramiento en una causa positiva.  Las Escrituras son claras en identificar la inversión de TODO el ser (Lucas 14:31-33; 1 Corintios 9:24-27; 2 Pedro 1:5-11).

Algunos hemos emigrado a otras ciudades o países en busca de mejores oportunidades.  Hoy tengo la oportunidad de vivir en Houston, una ciudad con el mejor sistema de hospitales en el mundo.  Unos días atrás fui a visitar a una niña de once años que había sido intervenida a través de una cirugía.  Fui a un hospital  exclusivo para niños de 21 pisos.  Al entrar en el elevador, entró junto conmigo una niña de no más de 9 años de edad con su padre.  Portaba un cubre bocas y tenía la cabeza rapada.  Su padre caminaba tras ella empujando un tipo "perchero" donde colgaba el suero.  Evidentemente tenía cáncer.  No supe qué tan avanzado estaba, o si la niña sobreviviría.  No me atreví a preguntar, pues había mucha gente en el elevador.  Sin embargo, tuve el corazón apretado todo el día.  No hay país en este mundo, por más rico o poderoso que sea, que haya solucionado el dolor humano, la muerte, especialmente cuando se le considera "injusta", por la edad de la víctima, o la condiciones de su muerte...  Éste mundo no tiene la capacidad para ofrecer lo que Dios ofrece.

En la lectura devocional para el día de hoy, George Knight escribe: "¿Es cierto que los adventistas modernos consideramos que somos peregrinos
y extranjeros en esta Tierra, y que no podemos demorarnos ni una noche más? Para muchos de nosotros, esta Tierra ha llegado a ser nuestro hogar. Estamos cómodos aquí; y nos gusta.  Y entonces, la policía llama a la puerta para contarnos acerca de nuestra hija; el informe del médico dice que tenemos un cáncer en estado avanzado; el cónyuge inesperadamente demanda el divorcio. De repente, volvemos a la realidad: esta Tierra no es nuestro hogar."