jueves, 26 de enero de 2012

El Dios de gracia y juicio

Sin querer entrar en los elementos políticos o civiles sobre la pena de muerte en los Estados Unidos, me encontré un tiempo atrás con la historia de Juan Meléndez, arrestado en 1984 y sentenciado a muerte por asesinato por el estado de Florida.  Dieciocho años después, en enero 3 del año 2002, Juan Meléndez fue dejado en libertad, al ser comprobada su inocencia, con $100 de compensación por parte del estado.  Hoy es un activista que lucha por eliminar la pena capital.

También me encontré con la historia de Heliberto Chi, sentenciado a muerte en noviembre de 2002 por el estado de Texas.  En una entrevista Heliberto reflexiona de que todos sabemos que vamos a morir, pero no sabemos cuando.  Él sí lo sabe, agosto de 2008.

No sé si te habías percatado, pero también nosotros estamos sentenciados a muerte, así lo asegura Romanos 6.23.  Y al meditar en esto y experimentar su realidad, pienso en lo que significó para Juan y Heliberto saber su sentencia.  ¿Qué habrá pasado por sus mentes durante esos años de espera?  Ambos lucharon por revertir la sentencia, a uno le fue posible, al otro no.

La Biblia nos enseña que todos, y todo lo que hacemos en esta vida tiene trascendencia eterna (Ecl. 12.14) y sujeta a un juicio (Ecl. 12.13,14; 1 Cor. 3.13; 2 Cor. 5.10; Heb. 10.30; Mat. 16.27; Apoc. 20.12; Apoc. 22.12; Mat. 12.36,37; 1 Ped. 4.17; Apoc. 14.6,7).  Sin embargo, y así como Romanos 6.23 termina con un mensaje de esperanza, la Biblia en su totalidad se esfuerza por que entendamos que las condiciones para revertir esa sentencia de muerte están dadas (Gen 3.15).  Es decir, Dios es claro, hay consecuencias al acto de rebeldía que cometió Adán y Eva en Edén, y del cual ahora todos participamos (Rom. 5.12), a nuestra vida se han añadido conflictos, dificultades, dolor y muerte.  Sin embargo, hay esperanza.

La historia del Diluvio presenta una ilustración del juicio y la gracia de Dios al lidiar con nosotros y nuestra condición.  En el Diluvio, se pronuncia una sentencia de muerte (Gn. 6.7,13), como consecuencia de la naturaleza del hombre (Gn. 6.5,11).  Sin embargo, junto con la sentencia de muerte, Dios provee de una vía de escape (Gen. 6.14; 7.7).  A Noé se le deposita la responsabilidad de predicar y concientizar a los habitantes de la tierra de la sentencia y la vía de escape (2 Ped. 2.5).  Se proveyó de un tiempo de gracia (Gen. 6.3) el cual a su conclusión, perecen quienes no aprovecharon la vía de escape (Gen. 7.4,21).

Juan 3.17 ayuda en el esclarecimiento de nuestra condición.  Jesús no vino a condenarnos, ya estamos condenados, lo cual Satanás se encarga de que no se le olvide a Dios (Apoc. 12.10).  Jesús vino a salvarnos (Luc. 19.10), a presentarnos la vía de escape.

Cada vez que la Biblia presenta una advertencia de juicio y condenación, le precede un mensaje de gracia, perdón y salvación.  En realidad, Dios está interesado en la destrucción definitiva del pecado.  La destrucción del ser humano ocurre cuando se aferra al pecado de tal forma que al ser este último destruido, el ser humano es destruido junto con él.  Por eso me gusta la promesa de 1 Juan 2.1 que dice: "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo"

*Esta reflexión responde al tópico bíblico sugerido por la Lección de Escuela Sabática para esta semana.

viernes, 20 de enero de 2012

Dios como Redentor

Una de las experiencias más amargas para el ser humano, o por lo menos para mí, es cuando he sido culpado y castigado por algo que no hice.  En su momento, me he defendido y he presentado pruebas con una definida convicción de que ¡lo que se me está haciendo es una injusticia!  En algunas ocasiones logré revertir la opinión y el castigo, en otras no.

¿Te has puesto a pensar que todo el plan de tú salvación gira en que alguien sea culpado y reciba el castigo de algo que no hizo?  La Biblia describe a un Dios que nos crea, nos pierde, y después no escatima esfuerzos para recuperarnos, tomando la culpa y el castigo que a nosotros nos correspondería.  Mira como lo pone la Biblia:

  • Isaías 53 me dice que nuestro sustituto, sin contar con atavíos o apariencia física sobresaliente, cargó con todo lo que nos correspondía: enfermedades, dolores, azotes, heridas, castigo, llaga.  ¿Por qué?  Porque somos rebeldes, pecadores, descarriados.  Isaías 53.6 termina diciendo "cargó sobre él el pecado de todos nosotros".  Y todo esto en silencio a pesar de la injusticia (pues su sangre también alcanzaría a aquellos que lo crucificaban), y voluntariamente.
  • Romanos 5.6-10 resalta en forma definitiva que nuestra salvación responda a la iniciativa única y exclusiva de Dios.  Se encarga de que entendamos que nosotros no pedimos la salvación, es más, ¡ni la queríamos!  Pues siendo aún débiles, pecadores y enemigos (vv6,8,10), Cristo murió por nosotros (vv6,8,10).
  • Romanos 1:18 y Génesis 3:15 nos recuerdan que todo este plan de salvación se desarrolla dentro de un contexto de sufrimiento, conflicto y guerra.
  • En Génesis 22.1-19, Dios nos da un ejemplo en términos humanos de lo que Él estaba viviendo en términos Divinos.
  • Habiendo muchas cosas que celebrar y recordar de Jesús, en Lucas 22.19 se nos pide que recordemos su muerte.  Los evangelios relatan en forma breve y sin mucho detalle el nacimiento, resurrección y ascensión de Jesús.  Pero dedican una buena cantidad de espacio y con detalle su sufrimiento y muerte.
  • Por último, y no por falta de textos, sino por falta de espacio, Mateo 27.46 presenta un clamor de Cristo, un clamor que nos correspondía a nosotros.  Jesús exclamó: "Elí, Elí, ¿lama sabactani?" para que ni tú ni yo tengamos que decirlo o exclamarlo.  La maldición del pecado, la separación del hombre de su creador la vivió Cristo; él sí fue desamparado por Dios.  Evidentemente no sabemos lo que significa estar desamparados, y gracias al sacrificio de Cristo no tendremos que experimentarlo.
Los discípulos mostraron estar cegados con sus propias agendas que bloquearon la capacidad de discernir lo que Jesús les quería decir (Marco 10.32-45).  Jesús les habló de sufrimiento, y ellos peleando quén sería el primero.  Jesús les habló de servir, y ellos viendo quién podría mandar a los demás.  Jesús dijo que "el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos".

La muerte de Jesús no fue un acto romántico...  Fue un sacrificio que no debemos empequeñecer con palabras ordinarias.  "Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;  el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;  quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;  quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.  Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas." (1 Pedro 2.21-25).

iach
*Esta reflexión responde al tópico sugerido por la lección de Escuela Sabática

jueves, 12 de enero de 2012

En el principio

No trata de probar, argumentar, comprobar o convencernos de la existencia de Dios.  La Biblia, en su primera declaración, parte de la realidad de que Dios existe, es un Dios triuno, y que es el responsable único de la existencia de todo el universo.

Génesis 1.1 dice, "En el principio creó Dios los cielos y la tierra."  Así de sencillo, punto...  El análisis del texto me dice que la Biblia da por sentado:
  1. En el principio, es decir, que todo tiene un principio, aunque Dios no, pues Él es quien crea.  Es decir, esta frase excluye toda posibilidad de otra opción en la creación del universo.
  2. Creó, como actividad única y exclusiva de Dios, nunca del hombre.
  3. Dios, que en hebreo es Elohim, plural, masculino absoluto.  Dios establece, desde la primera declaración en su Palabra, la naturaleza triuna de la Deidad.
  4. Los cielos y la tierra, es decir, todo el universo.
Aquí, la Biblia no analiza otras posibilidades del origen del universo, sino que enfatiza, establece como fundamento una verdad que excluye cualquier otra posibilidad.  Por eso el apóstol Pablo, al escribir a la iglesia de Colosas, dice: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él" (Col 1.16).

Al profundizar en la revelación de Dios mismo, a través de Su Palabra, encontramos que la versión de el origen de todas las cosas, la creación, es la base para entender el mensaje de la Biblia con respecto a nuestro origen, existencia, estado y redención.  Todo gira en derredor de Dios; Él, intencionalmente estuvo a cargo de todo en la creación, así como está intencionalmente a cargo de todo en nuestra redención.

Al observarnos, es evidente que somos producto de un diseñador.  Lo hermoso de esta historia es que, ¡ese diseñador se declara como nuestro Sustentador, y nuestro Redentor!  No somos producto de la casualidad, ni nos debemos a nosotros mismos.  No estamos expuestos a sobrevivir a través de un sistema de crueldad, sino a aferrarnos a la mano de nuestro Creador quien nos creó para buenas obras, pero que además asegura manifestarse en nuestra debilidad.

Quien en el principio nos creó, ha prometido re-crearnos, tenemos la promesa de que Dios quiere llevarnos al plan original al momento de nuestra creación.

Un saludo,

iach

*Esta reflexión corresponde al tópico bíblico sugerido por la lección de Escuela Sabática.

jueves, 5 de enero de 2012

El Dios Triuno

Recuerdo hace un tiempo atrás, recibí una llamada.  Después de un par de minutos, me percaté de que no sabía con quién estaba hablando y le pedí a esta persona que se identificara.  Ante la negativa de esta persona de identificarse, me vi en la necesidad de terminar la conversación; no sabía con quién estaba hablando, ni el motivo de fondo de la llamada.

Todos nosotros contamos con una identidad que nos permite identificar e identificarnos, y definir nuestro lugar en la sociedad en relación con los demás; nuestro nombre, nuestra procedencia, nuestros lazos familiares o de amistad, nuestra profesión, entre otros.  Dios no es la excepción.  Dios le dijo en forma explícita a Moisés, "Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros" (Éxodo 3:14).  A través de los diversos medios que Dios ha creado (naturaleza, Biblia, experiencias), busca la forma de identificarse y de esta manera nosotros poder definir nuestra posición en relación con Él; de dónde venimos (creación), por qué estamos aquí (pecado), a quién pertenecemos (herederos) y a dónde vamos (vida eterna).  No merecemos nada de lo que Dios hace por nosotros, bien podría ignorarnos o destruirnos y volver a comenzar de nuevo, pero nos ama tanto (un amor ilógico desde la perspectiva humana), que busca la forma de generar una relación con nosotros que redunde en nuestra salvación.

En esta ocasión, comparto contigo tres verdades con respecto a Dios y su relación con nosotros.

Dios se ha revelado al ser humano
Por iniciativa de Dios mismo es que sabemos de él.  Él es quien nos busca, pues nosotros no podemos buscarlo de nosotros mismos debido a la condición en la que nos encontramos.  En Edén, Dios buscó a Adán y Eva después de su desobediencia, él vino al mundo a morir por nosotros "siendo aún pecadores" (Rom 5.6-10).

Dios se ha revelado a nosotros como un sólo Dios (Deut 6.4; 1 Cor 8.4; Sant 2.19), constituido por tres personas distintas entre sí (Gén 1.26,27; Isa 6.8; Mat 28.19; Jud 20,21; 1 Ped 1.1-3) co-iguales entere sí, tal vez como en el matrimonio, que aunque son dos, son una sola carne (Gen 2.24).  Inclusive, Dios nos insta a ser uno entre nosotros, aunque somos más de uno, como Él es uno (Jn 17.11).  No son tres dioses, es un solo Dios, no una persona, pero un solo Dios.

Dios ha estado y está físicamente con nosotros
Dios ha sido muy específico en su andar con nosotros.  Desde Salmo 23.4, Mateo 1.23, hasta Juan 14.16,26; 15.26 y 16.7, Dios ha especificado su presencia entre nosotros.  Así como los apóstoles tuvieron la dicha de caminar físicamente con Dios a través de Jesucristo, nosotros hoy tenemos la bendición de caminar físicamente con Dios a través del Espíritu Santo.  No estamos solos, aunque a veces pareciera.  Dios nos ha hecho saber que él nos acompaña físicamente en nuestra travesía por esta vida en proyección a la vida eterna.

Dios se ha confabulado en favor de nuestra salvación
El valor de las cosas no siempre radica en ellas mismas, sino en la importancia que nosotros le damos.  Por eso que un regalo que tal vez no costó mucho, se convierte en invaluable por el aprecio a quién nos lo dio, y decimos que tiene valor sentimental.  De igual forma es nuestro valor ante los ojos de Dios.  En realidad no valemos nada, pero Dios decidió que valemos mucho.  Él nos puso el precio y no nosotros a nosotros mismos.

Dios nos ha hecho saber que los tres seres de la Deidad se han confabulado en pro de nuestra salvación (2 Cor 1.20-22).  En nuestras mentes finitas tratamos de comprender la inmensidad de Dios que se nos revela en términos lo más sencillos posibles donde se nos presenta al Padre, en el contexto de nuestra salvación, como, tal vez, el administrador, a Jesucristo como el ejecutor y al Espíritu Santo como quien da seguimiento a la obra de Cristo.  Todo para que "todo aquel que en él cree" tenga la esperanza de vida eterna (Jn 3.16).

En el futuro seguiremos nuestro estudio.  Por lo pronto, hoy puedes estar seguro/a que nada ni nadie te puede separar del amor de Dios (Rom 8.38,39) quien se ha confabulado en contra del pecado, y utiliza todos sus recursos (hasta la vida de Su Hijo) con tal de que tú y yo tengamos esperanza.  No tenemos que ir a diferentes dioses para recibir ser atendidos en diferentes asuntos de la vida; tenemos un Dios cuyos seres se han propuesto no descansar hasta verte caminando por las calles de oro, vestido de blanco y con una corona en tu cabeza.

Un saludo,

iach

*Este tópico responde al sugerido por la Lección de Escuela Sabática.