lunes, 18 de enero de 2010

La regla de oro (Mateo 7:12)

Fue, tal vez, una gran sorpresa darme cuenta que no fue Cristo el originador de "La Regla de Oro", promotora de un alto nivel ético y moral en las relaciones interpersonales. Interesantemente ya cinco siglos antes del nacimiento de Jesucristo diferentes filosofías manejaban ya el mismo principio, que, a través de la historia a sido utilizado en la educación de la humanidad para garantizar, de cierta forma, el trato justo entre las personas.

¿Te habías percatado que en más de una ocasión Cristo pareciera romper intencionalmente con ciertos formatos de comportamiento para resaltar en forma clara el principio limpio de elementos rutinarios y prejuicios? En este caso en particular, Cristo toma un concepto popular y lo incorpora a su mensaje calificándolo como, "la ley los profetas". Para ciertas mentes esto podría significar que el evangelio de Cristo no es puro y resultante y dependiente de filosofías e influencias externas meramente humanas. Obviamente esto contrasta con la autodenominación que Cristo se hace al decirse ser "el camino, la verdad y la vida", añadiendo en forma categórica, "nadie viene al padre, sino por mí."

Quiero compartir contigo, ahora, algo maravilloso pues, siendo que sí, el principio que la regla de oro presenta ya existía mucho antes del Sermón del Monte (sermón donde Cristo lo cita), Cristo lo presenta añadiéndole un elemento divino que él mismo puso en práctica.

Analizando las diferentes versiones de la regla de oro, descubrí que, antes de Cristo, o fuera de Cristo, el principio enfatiza la pasividad en el trato con los demás, por ejemplo, Confucio lo expresó de la siguiente manera: "no impongas en otros lo que no harías contigo." Pítaco (sabio griego) la expresó así: "No hagas a tu prójimo lo que te molestaría que te hiciera." En el Islam se expresa, "No lastimes a nadie para que nadie te lastime". Si te das cuenta en estos ejemplos, y muchos más existentes, expresan el no hacer para que no te hagan, es decir, es una presentación pasiva del principio, como lo expresó Benito Juárez, "El respeto al derecho ajeno es la paz".

Ahora analicemos la versión de Cristo: "todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas." Si te das cuenta, la versión que Cristo presenta es una versión pro activa, donde no invita a evitar, sino a involucrarse en forma positiva en el bienestar del prójimo.

Para entender un poco mejor lo que Cristo está implicando, quisiera que me acompañaras a leer Romanos 5:6-10: "Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida."

Quiero resaltar tres frases: 1) "aún éramos débiles", 2) "siendo aún pecadores", 3) "siendo enemigos". Si te das cuenta, estas tres frases definen nuestra condición antes y durante la primera venida de Cristo. Es decir, la iniciativa de Cristo por salvarnos no está ligada de ninguna forma con algún esfuerzo humano, y con todo, el texto asegura: 1) "murió por los impíos", 2) "murió por nosotros, 3) "fuimos reconciliados con Dios".

Como te podrás dar cuenta, la participación de Cristo en nuestra salvación es en forma activa y no pasiva. Cuando él nos invita a ser activos en el bienestar de nuestro prójimo, lo dice habiendo él mismo sido ejemplo de nosotros. El no actuó en forma pasiva, sino que aplicando el principio con el toque divino que él dio a la regla de oro, él hizo con nosotros, independientemente de nosotros, aquello que espera que nosotros hagamos con él, es decir, entregarnos a él de la forma en la que él se dio por nosotros.

jueves, 14 de enero de 2010

"Sean perfectos..." Mateo 5:48

Texto: "Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto" Mateo 5:48 (NVI).

¿Alguna vez habías leído, o escuchado citar este texto? ¿Te has puesto a pensar en el contexto en que se encuentra?

Entre los estudiosos de la Biblia se cita el siguiente pensamiento: "Un texto fuera de contexto es un pretexto..." Es decir, el contexto en el que se encuentra una frase o pensamiento ayuda a definir el sentido que el autor de dicha frase o pensamiento quiso hacerlo.

Personalmente fue una sorpresa grata cuando caí en conciencia sobre el contexto en el cual se encontraba el mandato de Cristo, "por tanto, sean perfectos..." Es decir, Jesús está aterrizando, concluyendo con una serie de pensamientos que desembocan y definen en la perfección de acuerdo a los parámetros de Dios. Te invito a escuchar uno de esos pensamientos: "Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en los cielos" Mateo 5:44,45 (NVI).

¿Te das cuenta de lo que te digo? ¡Cuando Jesús está hablando de perfección en este texto lo está haciendo desde la perspectiva de amar a nuestros enemigos! Por alguna razón nosotros, los adventistas, nos proyectamos automáticamente a elementos de obediencia y guardar los mandamientos, y aunque son necesarios, Jesús no se refiere a ellos en este momento, sino que hace referencia al amor hacia los enemigos como definidor de nuestra perfección, como bien Jesús lo distingue en el v45 donde se menciona que Dios manda su sol sobre justos e injustos.

¿Te acuerdas de la historia del joven rico (Mateo 19:16-22)?, donde un joven en su búsqueda de la vida eterna preguntó qué debía hacer. Jesús hace referencia a los mandamientos a los que el joven asegura haber guardado desde su juventud. Entones Jesús hace referencia una sola cosa que a este joven le hace falta: vender todo lo que tiene y darlo a los pobres... El joven no está dispuesto a amar a otros como a sí mismo (Mateo 22:39)... Y es que la obediencia sin amor no tiene validez (1 Corintios 13:1-3), y es en el amor sincero a quienes nos rodean que nuestra vida Cristiana adquiere validez (1 Juan 3:14).

Quiero concluir citando pensamiento del libro El Camino a Cristo: "El trabajo desinteresado por otros da al carácter profundidad, firmeza y amabilidad parecidas a las de Cristo; trae paz y felicidad al que lo realiza. Las aspiraciones se elevan. No hay lugar para la pereza o el egoísmo. Los que de esta manera ejerzan las gracias cristianas crecerán y se harán fuertes para trabajar por Dios. Tendrán claras percepciones espirituales, una fe firme y creciente y un acrecentado poder en la oración. El Espíritu de Dios, que mueve su espíritu, pone en juego las sagradas armonías del alma, en respuesta al toque divino. Los que así se consagran a un esfuerzo desinteresado por el bien de otros, están obrando ciertamente su propia salvación" (pp79-80).

La salvación no se encuentra en escuchar sermones bonitos y músicas especiales que nos hacen llorar. La salvación se encuentra en el amor y servicio desinteresado, como el de Cristo, hacia los demás.